LANDA

Las canciones no piden cita, aparecen. Y hay regresos que no se anuncian, no se diseñan. Simplemente, suceden.

La música siempre encuentra la manera de volver, y así, de manera espontánea, aparece la música de LANDA, un renacimiento inesperado que llega después de años de silencio. El tiempo en realidad es solo un número que se mide en días, meses o años. Cuando llega el momento lo único que cuenta es él aquí y él ahora. Y LANDA están de vuelta precisamente ahora.

LANDA reaparece con un disco nuevo que rescata el valor más puro de su historia, un álbum hecho desde la necesidad de volver a sentir la emoción verdadera de la música, abrir una puerta que, hasta hace unos meses, parecía estar cerrada. El poder de la música es maravilloso.

Dieciséis años después de su último trabajo, LANDA regresa con «Perfecto Desastre» (4 de septiembre de 2026), una obra que no busca recuperar el pasado, sino expandirlo. Perfecto Desastre no nace desde la nostalgia ni la estrategia, sino desde el impulso vital de escribir canciones, devolver al presente ese gesto artesanal de componer a mano, con la piel, con la memoria y sobre todo, con las ganas de hacerlo.

LANDA siempre tuvo una obsesión clara: encontrar la canción perfecta de pop. Aquella melodía capaz de remover algo desde dentro, de provocar placer y memoria al mismo tiempo, perseguir una canción que sonara honesta, luminosa y necesaria. Bajo esa premisa en 2009 nació su primer disco, “Todos los días del año” (Astro, 2009 /Suberfuge, 2026), un debut concebido casi como un manifiesto.

La banda —Alex Gallardo (voz y guitarras), Ernesto García Quijada (bajo) y Nico Roussel (guitarras)— encontraron entonces un aliado esencial: Suso Saiz, figura clave de la producción española moderna (Los Piratas, Christina Rosenvinge, Esclarecidos, Iván Ferreiro o Coque Malla). De su amistad surgió una complicidad artística inmediata y el resultado fue un compendio de canciones cuidadosamente construidas, melódicas, honestas y profundas, un trabajo que combinaba sensibilidad y solidez, intuición y oficio.

Aquel álbum (y un segundo trabajo “Baile de Máscaras”, grabado en 2010 pero que no ha visto la luz hasta el pasado mes de Febrero) fueron el punto de partida de todo… y el punto y aparte de algo que no llegaría hasta ahora.

Con “Todos los días del año” LANDA consolidó una identidad propia, reconocible y atemporal, pop de raíz artesanal, pulido con sensibilidad e inteligencia y con un sonido que se convirtió en su brújula hasta que el tiempo (trece años), y la distancia (un océano de por medio), congeló una propuesta musical fabulosa.

Durante más de una década, las canciones dejaron de llegar. Alex Gallardo, alma compositiva del grupo, inició una aventura profesional que le desconectó de LANDA sin saber por cuánto tiempo. Pero la música de su banda siempre estaba en algún lugar de su memoria creativa y un día, casi por casualidad, volvió a tomar la guitarra.

Alex es explícito en el relato: “Hace un año me regalaron un Pro Tools y justo tenía una idea en una nota de voz y empecé a jugar. Me voló la cabeza volver a descubrir el poder de la música”. Y entonces ocurrió. Como si la música hubiese estado esperándolo, las ideas comenzaron a fluir con una nitidez sorprendente y el germen de Perfecto Desastre empezó a tomar forma.

En apenas tres meses había un álbum entero y lo que no ocurrió en más de una década, ocurrió en noventa días. “Este disco es una decisión vital, la vida siempre te reconecta con aquello que te emocionaba. Tenía que pasar y ha pasado ahora” nos recuerda Alex. Ese desbloqueo fulminante marcó el tono del nuevo disco: directo, sincero e inevitable, canciones nacidas desde el impulso, sin cálculo ni pretensión.

LANDA siempre ha sido una banda de melodistas, de artesanos en busca de equilibrio. Y «Perfecto Desastre» mantiene ese espíritu, conjugando tradición y modernidad con naturalidad. Las nuevas canciones beben del pop rock anglosajón de los años 60 y 70, desde la Tom Petty, Eagles o abrazando los Beatles más maduros, hasta horizontes más contemporáneos, conversando con el presente con la intimidad de Phoebe Bridges o la densidad emocional de Father John Misty, Andrew Bird o la versión Zoé menos onírica. LANDA se nutre del pop clásico, preciso y luminoso dotando a cada una de sus nuevas canciones de un sonido propio.

Grabado en vivo en Miami en agosto de 2025, para la producción de «Perfecto Desastre» contaron con el trabajo de Orlando Vitto y Renzo Bravo, una dupla que prioriza la emoción sobre tendencias digitales, aportando un brillo contemporáneo a LANDA sin borrar esa firma analógica que los define. “Yo no me sentía preparado para producir, necesitaba alguien que me ayudara, alguien que fuera casi un colega, como amigos de barrio haciendo música. Y Renzo y Orlando han sido exactamente eso” recuerda Alex.

Orlando Vitto, venezolano afincado en Miami y fundador de Axis3 Studios, con un Latin Grammy por su labor como productor, ingeniero y compositor, destaca en trabajos como “Ojos Marrones” de Lasso, ganador del Latin Grammy a Mejor Canción Pop Rock en 2023 y colaboraciones con Pedro Rock y Deborah de Corral.

Renzo Bravo, productor peruano radicado en Los Ángeles, pasó de bajista en la banda power pop Ádammo —con álbumes como Sin miedo (2009), Ámber (2010) y Tiempos violentos (2012)— a nominaciones a Latin Grammy en 2023 y 2025.

En el nuevo disco de LANDA, su «ADN latino con visión americana» captura texturas analógicas —guitarras reales y baterías en vivo— que evocan a Fleetwood Mac o Wilco con producción actual, priorizando la emoción sobre tendencias digitales.

Grabado en el estudio 5020 de Miami, el disco se construyó desde la verdad: instrumentos reales, baterías vivas, armonías precisas, aire entre los canales y emoción al frente. Alex se sorprende ante un dato relevante: “Resulta curioso que en los últimos cinco años solo una banda había grabado baterías reales (Usted Señálemelo)… Landa han sido los segundos”. Porque LANDA con «Perfecto Desastre» es una excepción, “es volver a hacer discos como se hacían antes”.

Pero si hay algo que destaca en «Perfecto Desastre» es su capacidad de contar historias de manera natural, cada uno de los 10 temas que construyen un disco redondo funciona como un pequeño retrato emocional.

“Guerra mundial”, el primer sencillo, es una declaración de principios: pop energético y luminoso que enfrenta con ironía el desconcierto global del presente. Democracias extenuadas, ruido, apatía y todo condensado en una melodía redonda, una canción que nació desde una estrofa descartada de la también fantástica “Reina sin corona”, un relato que bien podría estar inspirada en una historia real con forma de venganza deliciosa.

“Vacile” es la canción más setentera del álbum: guitarras abiertas, riffs irresistibles y un estribillo catártico. Una canción que nos habla de liberación, de honestidad emocional, de dejar salir la voz que estuvo guardada.

“Mala gente” es un retrato afilado y elegante del ego moderno, ese postureo disfrazado de autenticidad. LANDA equilibra humor y crítica con una precisión cinematográfica que revela su madurez narrativa. Alex Gallardo se rebela como un escritor audaz y afilado, capaz de llevarnos con sus relatos al mismo centro de la acción.

En “Noche de locos” llega el momento de revisionismo emocional, una mirada al origen desde la verdad de sus protagonistas. La canción, un viaje a los bares que ya no existen, a los amigos que siguen siendo refugio, convierte el recuerdo en presente, con ecos de Los Planetas y un aire que huele a madrugada y juventud. Si J tiene Un buen día, LANDA tiene su Noche de locos.

LANDA no regresa para repetir el pasado, sino para abrirlo. Este disco no pretende competir, ni subirse a tendencias, ni complacer algoritmos. Vuelve para recordar que las canciones honestas aún importan, que componer sigue siendo un acto de fe y un reencuentro vital (y esencial) con uno mismo.

El resultado es «Perfecto Desastre», un álbum luminoso, rotundo y humano. El testimonio de una banda que aprendió el valor del silencio y volvió solo cuando tuvo algo que decir. LANDA vuelve. Y vuelve siendo lo que siempre fue: una banda en busca de la canción perfecta. Aquella que no se termina nunca, porque mientras suena, te devuelve a casa.

Redes / Web