Café Ipanema

Marzo 1970 Río de Janeiro Y allí estabais, en un rincón del café, sonrientes y distendidos, frente a un amplio ventanal desde el que se divisaba toda la inmensidad del océano Atlántico. sobre la mesa, aparte de dos largas copas de cerveza, alguna que otra caipiriña y un cenicero lleno de cigarrillos aplastados, estaban esparcidas unas cuantas cuartillas a medio escribir que Vinicius iba cambiando aleatoriamente de posición mientras tú, Tom, acompañado de tu inseparable guitarra canturreabas con la voz muy suave, muy delicada: «O, morro nao tem vez, e o que ele fez ja foi demais». Después iniciabas los compases de un tema que sabías de antemano que Vinicius iba a derramar una lágrima: «Mulher amada, destino meu, e madrugada sereno dos meus olhos já correu». Y así, durante más de una hora estuve escuchando extrañado parte de vuestro repertorio. ¿Qué hacía yo allí? Me habiais invitado a compartir con vosotros unos maravillosos momentos de intimidad. Por esa época yo estaba en Río presentando un disco bossa-nova que había grabado en Madrid y cuyo título era «Bossa 68». Fuimos presentados unos días antes en una imborrable velada en este mismo café y quedamos en que os haría una visita para escuchar vuestras músicas y presentarnos mi disco. Y eso fue lo que hice. Luego, compartimos cervezas, caipiriñas, músicas y un montón de buenas vibraciones. Cuando me marché, ya oscurecido, observé que las personas que aún permanecían en el local estaban siendo partícipes, tal vez sin darse demasiada cuenta, del nacimiento de una nueva «Garota de Ipanema». Ya en la calle, mientras me disponía a tomar un taxi, tuve el presentimiento que esta era la última vez que nos íbamos a ver. Hoy, treinta y tres años después, he incluido en este disco un homenaje a vosotros y que he titulado «Café Ipanema», algunos de los temas que aquella tarde os presenté y que tan gentilmente alabasteis. Gracias. Alfonso Santisteban 2 de julio de 2003